Instituto Nacional del TORAX

Melody le dio una nueva esperanza al corazón de Daniel

No se trata de una amiga ni tampoco de una polola o un amor de verano. Melody es la válvula que permitirá que este joven pueda llevar una mejor calidad de vida.

Aunque Daniel Mencia tiene 18 años, su madre, Ana María Espinoza, lo sigue llamando cariñosamente ‘mi bebé’. Daniel nació con una cardiopatía congénita, la que se le diagnosticó a los tres días de haber nacido.

La tetralogía de Fallot- nombre de la enfermedad con la que nació- está caracterizada por malformaciones que dan lugar a la mezcla de sangre arterial con sangre venosa con efectos cianotizantes. Esta enfermedad, conocida antaño como ‘el mal azul’ colorea de azul grisáceo determinadas partes del cuerpo que no reciben oxigenación sanguínea.

A causa de esto, Daniel ha tenido tres intervenciones en su corta vida. La primera, con solo un año y meses, la segunda a los 10 años y la última, hace algunas semanas, donde se le implantó una válvula de nombre Melody, que mejorará su calidad de vida.

“Con cada cirugía yo siento que él vuelve a nacer”, confiesa la madre, quien además cuenta que gracias al Auge y a las gestiones realizadas por el Servicio de Salud de Arica, el implante de esta válvula en el Instituto Nacional del Tórax en Santiago, y cuyo valor asciende a los 22 millones de pesos, pudo realizarse completamente gratis.

“Estamos agradecidos porque esto permitirá que Daniel tenga una vida mejor. Además en el hospital fueron súper humanos, preocupados y comprometidos con su salud. De otra manera habría sido imposible costear la intervención”, recalca.

Una vida (casi) normal

Daniel es el mayor. Tiene un hermano de 5 años que no nació con problemas de salud como él. El joven realiza actualmente su práctica de técnico en electrónica, carrera que cursó en el Liceo Pablo Neruda. Dice que su vida es relativamente normal y que de niño no sentía grandes malestares asociados a su condición. Sí sufría de ahogos y se agitaba con facilidad. Por eso, fue necesario eximirlo de Educación Física en la escuela y liceo. Carretea, lo pasa bien, como cualquier joven de su edad. Pero no puede fumar y ni tampoco perforar partes de su cuerpo, pues, cualquier infección puede ocasionarle problemas. También es importante cuidar su alimentación y ante el más mínimo resfrío, debe acudir a un centro asistencial.

“Para mí lo que tengo no es tema y trato de llevar una vida totalmente normal, como lo haría cualquiera a mi edad. De repente siento que se hacen consideraciones conmigo, por mi salud y por mi bien, y eso me hace sentir un poco extraño”, asegura Daniel.

Esas consideraciones tienen que ver, por ejemplo, con temas relacionados con su práctica profesional, donde sus tutores prefieren no ‘cargarle la mano’. “Me gustaría demostrar que sí puedo hacer todo normalmente”, dice.

Y es que el joven demuestra una fuerza única frente a lo adverso. Prueba de ello es que al día después de ser intervenido en Santiago, ya estaba en pie y listo para ser dado de alta. “Estoy muy agradecida del Hospital Doctor Juan Noé, porque siempre han estado muy preocupados por él.

Cuando nos mandaron a Santiago nos recibieron muy bien. Daniel constantemente renace. Gracias a la doctora María Eugenia Salinas, en Arica, nos enteramos de esta posibilidad”, dijo su madre. Ahora Daniel sueña terminar su práctica y luego, continuar estudiando. En estos procesos, Melody estará con él.

Fuente: Estrella de Arica

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